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EL CRÓMLECH DE LAS MEIGAS

Alchemy Gothic

   Estaba la niebla inundando el ambiente en una noche fría y silenciosa, la humedad del lugar calaba hondo en las personas presentes, con escasas túnicas de color blanco se disponían a entrelazar sus manos formando un perfecto círculo que iniciaba el ritual. El tronco de un viejo avellano hacía de improvisado altar cubierto por un mantel blanco donde reposaban dos candelabros de plata, cuatro velas que señalaban los puntos cardinales, una escoba de paja que de manera simbólica barrería las malas energías. Un incienso creado para la ocasión reposaba en el incensario humeante, junto a un manojo de sal gorda para alejar la negatividad. Una enorme copa de metal contenía el líquido del que se dispondrían a beber una vez finalizado el ritual.

Se encontraban en un lugar de poder, en un monte que acoge un conjunto de piedras de forma circular, un monumento megalítico llamado Crómlech que comenzaron a utilizar las meigas del lugar para sus ritos y sortilegios. Las piedras comenzaron a ser usadas como asentadoiros, donde las brujas gallegas asentaban sus nalgas mientras conversaban a la vez que removían sus calderos llenos de brebajes varios para sus fechorías. El lugar se llamaba Eira das Meigas. Y allí, un grupo de jóvenes se estaban inventando un ritual para lograr sus variopintos propósitos, intentaban con todas sus fuerzas soportar el duro frío otoñal en A costa da Morte la noche de Samahín. 

Llevaban varios días de preparativos, recopilando los objetos necesarios para el ritual, y consultando los libros de magia Wicca para hacerlo todo a la perfección. Todos ellos eran estudiantes de primer año en la universidad de Compostela. Cierto es; que para ser principiantes habían seguido a rajatabla todas las indicaciones para que los elementos de la vida evocasen a la madre antigua, la madre tierra, cuidaría de ellos. Ni las chicas eran meigas, ni los chicos meigos, eran seis jóvenes aventureros capaces de soportal el frío en la noche de difuntos gallega, esperando encontrar alguna respuesta a lo desconocido, atraídos por ese lugar misterioso llamado Monte Neme, cargado de leyendas sobre rituales druídicos y meigas hechiceras. 

Todos provenían de familias pudientes, todos ellos compartían piso en Santiago, un piso de estudiantes que acogía sus noches en vela, unas veces por juergas, y otras por estudio. Pensaban que tenían todo controlado, que sus padres a lo único que se iban a dedicar eran a pagarles el piso, y darles dinero para sustentar el mes y que con una llamada telefónica semanal se conformarían con estar tranquilos pensando en lo responsables que podían ser sus hijos. Pero estaban muy equivocados. Sus padres llevaban semanas siguiendo todos sus movimientos, como todos ellos se conocían, se llamaban a menudo para contrastar las noticias que los chicos les daban, comprobando así que en muchas de ellas se contradecían. Por eso, esa semana de Helloweeen se dispusieron a seguirlos por distintos lugares a los acudían, siempre a una cierta distancia para no ser sorprendidos, y pudieron ver que entraban en tiendas esotéricas con la consiguiente preocupación de los padres. También los siguieron cuando fueron a Monte Neme a examinar el lugar exacto para el ritual de la noche de los muertos, los escucharon hablar y elucubrar sobre cómo y dónde lo harían. Así, los padres pudieron tener toda la información necesaria para sorprenderlos en el momento y el lugar adecuados, para darles una buena lección. 

La noche de Samahín gallega puede ser lo mágica que uno quiera, siempre y cuando se desee creer, estando uno abierto de mente y espíritu para entrar en sintonía con lo esotérico. En ese estado estaban los jóvenes mientras realizaban el ritual, a punto de terminar las frases de homenaje a la madre antigua, a punto de romper el círculo energético que sus manos enlazadas habían creado. Sus padres estaban estratégicamente escondidos en distintos cerros del lugar, detrás de unos tojos o algún árbol que les permitiese ver sin ser vistos. En el momento que habían programado uno de ellos puso a reproducir el antiguo radiocasete que haría sonar la cinta de sonidos de la noche en el amazonas, cuyos ecos y gritos de los diferentes animales comenzaron a asustar de manera casi desesperada a los chicos y chicas principiantes de magia. Los cuales; sorprendidos miraban a sus alrededor con cara de circunstancia, como si el haber celebrado el ritual hubiesen abierto las puertas de una dimensión desconocida. Uno de los padres portaba una videocámara inmortalizando los momentos en formato nocturno. De repente, de distintos lugares comenzaron a aparecer y desaparecer diversos rostros fantasmagóricos con miradas rojas penetrantes, las chicas gritaban:

- Mira allí, y allí. ¡Joder!

Los padres, bien organizados, se habían situado estratégicamente portando caretas de carnaval, unas caretas cuyos ojos tenían unas bombillas de color rojo dándoles un aspecto aterrador en medio de la noche cerrada. Aparecían y desaparecían turnándose en el empeño de asustar a sus hijos. Los oficiantes del ritual se juntaron junto al pequeño altar protegiéndose unos a los otros tras lo que estaban presenciando. Uno de los chicos asió la escoba, como para amedrentar a quién osaba acosarles, ante el barullo, algunas de las llamas de las velas se apagaron. La noche era fría, y la brisa tan sólo mecía las llamas del resto de velas cuyo reflejo en la tierra creaba formas extrañas y en ese ambiente aterradoras. Alguno de los padres no podían contener la risa, se lo estaban pasando genial, observando a sus hijos tan sólo cubiertos por una túnica blanca que apenas les protegía del intenso frío que helaba el lugar, completamente atemorizados. Algunas madres se habían ataviado con trajes blancos estilo gótico, se habían puesto lentillas tenebrosas y con un velón grande en la mano paseaban entre la maleza con un aire místico hasta desaparecer de la vista de los cada vez más temerosos oficiantes de magia Wicca. Tras un minuto continuo de asedio con las caretas dejaron de ofrecerse a la vista de los chicos, pulsaron la tecla de stop del radiocasete, y escondidos esperaron en silencio a ver como reaccionaban. 

Tras notar que los extraños sucesos y sonidos habían cesado, uno de los chicos espabiló a los demás:

- Hay que salir de aquí.

Pronto, recogieron lo que pudieron, cada uno tomó la ropa y calzado de sus mochilas procediendo a vestirse con rapidez. Pero aun les esperaba otra sorpresa, que no fue otra, que la aparición de sus respectivos padres mientras se vestían. La sorpresa fue mayúscula, las risas y cachondeos de algún padre mosquearon a alguno de ellos, aunque felices por encontrárselos tragaron su orgullo, comenzando quizás a aprender la lección que sus progenitores quisieron inculcarles esa noche de espíritus.

Desde entonces quedó claro para los chicos que con ciertas cosas no se debe de jugar, por muy atrayente que sean las leyendas de ciertos lugares, es mejor no intentar revivirlas, pues no todo podría suceder como pudiesen pensar. Los padres notaron su mejoría inmediata en los estudios. Tal vez, el pequeño ritual que habían hecho en honor a la madre antigua, había surtido efecto, y sin saberlo estaban siendo influenciados por la bienhechora magia de la madre tierra. Nunca se sabe. Cuestión de fe.


BRUJAS, LA CIUDAD AMABLE

Desde la ciudad de Zeebrugge me dirigí en bicicleta hacia Brujas, observando un paisaje repleto de enormes planicies inundadas de amapolas. El rutinario paisaje de las inmensas rectas trasmitía la sensación de no avanzar, el paseo se hizo pesado. Pero mereció la pena soportar esa monotonía kilómetro tras kilómetro para llegar a la entrada de la bella ciudad de Brujas. Los misteriosos edificios observados desde el asiento de la bicicleta impactaban si cabe en mayor grado, con un poco de imaginación pude transportarme al pasado, ensoñando la entrada en la gran ciudad del antiguo reino de Flandes. Inolvidable entrada por la puerta principal de la antigua ciudad fortificada, de donde provienen numerosas leyendas sobre encantos y sortilegios, sobre historias de la edad media.

Una ciudad cargada de muelles y de puentes, de personas gentiles y amables, que reciben al extranjero con orgullo de ser flamencos. La enorme cantidad de chocolaterías que se ofrecen atrapan al visitante para detenerse en alguna de ellas y degustar el sabroso producto en sus más variopintas formas y texturas.

Era un ciclista más de los miles que circulan por Brujas, pues es una ciudad ecológica donde el medio de transporte que más impera son las bicicletas. Aparqué la mía en uno de los muchos lugares habilitados para ello, no hizo falta amarrarla con candado, ninguna de las que estaban alrededor lo llevaba. No sería costumbre en esa ciudad, pero si llega a ser otro sitio, pocas bicicletas se hubieran librado de ser arrebatas por algún desconocido.  Entré en la chocolatería, tomé asiento. Miré la carta que ofrecía cantidad de productos, y me interesó un chocolate que se servía caliente, acompañado de deliciosos barquillos. Tras degustarlo y saborearlo, pagué, y salí del local. 

Tomé de nuevo la bicicleta e inicié el retorno hacia en el hotel, que estaba a nueve quilómetros, en la ciudad de Zeebrugge, me quedaba un largo y monótono camino de retorno. Estaba en Bélgica por razones de trabajo, me había tomado unos días de descanso, y al día siguiente comenzaba a trabajar de nuevo en Bruselas. Con paciencia fui recorriendo el trayecto, hasta que en un momento dado, decidí parar a comprar algo de beber. Entré en un supermercado, la bicicleta quedó afuera y sin amarrar, tomé de las estanterías dos botellas de bebida isotónica y me dirigí a pagarlas. Hasta que en ese momento caí en la cuenta de que mi cartera se había quedado encima de la mesa de la chocolatería de la ciudad de Brujas, ya había recorrido más de medio camino. Estaba sin documentación, y las escasas monedas que llevaba en el bolsillo sólo me dieron para pagar una de las botellas que intentaba adquirir.

Al salir del local y tomar la bicicleta no sabía qué hacer, si dirigirme de nuevo hacia Brujas o continuar hacia el hotel e intentar allí recuperarla llamando a la policía. Sentí pánico, no poseía documentación, ni tarjetas, ni dinero. Me pareció increíble haber cometido tal torpeza. Resignado decidí desplazarme hacia Zeebrugge, por lo menos allí poder descansar. Si me hubiese dirigido hacia Brujas hubiera caído la noche y estaba sin luces en la bicicleta, pudiendo resultar peligroso. Exhausto; desmonté de la bicicleta delante de las puertas del hotel, devolví la bicicleta a su lugar de origen, a ese lugar donde se alquilan por un euro al día. Entré en el hotel cabizbajo, cansado, deprimido. Sabía que la pérdida de mi cartera podría acarrearme muchas complicaciones y papeleos. Me dirigí al mostrador a recoger la llave de mi habitación. Tras decirle el número al recepcionista, éste se agachó y me sorprendió sujetando entre sus manos mi cartera, ofreciéndomela como si no tuviese la menor duda de que era mía y la había perdido. Al tomarla entre mis manos comprobé que todo estaba allí, el dinero, las tarjetas y la documentación. Según entendí al bueno del recepcionista, la policía se había personado en el hotel, tras haber recibido por teléfono la confirmación de que esa persona estaba alojada en el mismo. Y así le entregaron mi cartera, que a su vez había sido entregada a las autoridades por una dependienta de una chocolatería de la ciudad de Brujas, tras recogerla abandonada en una mesa. La policía realizó sus indagaciones y se desplazaron desde Brujas a Zeebrugge para entregársela al recepcionista. Había sido toda una sorprendente y noble historia que me demostró la amabilidad y responsabilidad de una comunidad civilizada. Ojalá, si alguna vez me ocurre en mi país, o en otro, el desenlace sea el mismo.

He tenido suerte al observar cómo se tomaron tales molestias para documentar a un pobre turista abatido por la pérdida de su cartera. La amabilidad de esas personas permitió que al día siguiente pudiese ir a trabajar con las pilas renovadas y que no olvidase nunca esta historia.

¿Cosas de brujas en la ciudad de Brujas?

LIBERTAD EN EL MONTE MEDULIO

   "O día do Medulio
    con sangue quente e roxa
    mercámo-lo dereito
    á libre honrada chouza!" 


("El día del Medulio,
    con sangre caliente y roja,
    compramos el derecho
    a la libre, honrada choza!").
(Ramón Cabanillas, "¡En pé!" (¡En pie!), 1917









Después de un gran banquete y con abundantes síntomas de estar embriagados, los últimos guerreros de las tierras nobles no se amedrentaron ante la vista de los acontecimientos venideros, uniendo sus fuerzas para defender su territorio, sus costumbres y su historia. Hasta su honor. Los bravos guerreros galaicos, astures y cántabros esperaban el momento del enfrentamiento, conocían de esas tierras hasta el último recoveco y podían planear su estrategia para defenderse ante las implacables legiones romanas que se acercaban al mando de Cayo Furnio y Publio Carisio.
Corría el año 22 a. C, pocas tierras faltaban de Gallaecia por ser denominadas por los romanos como "Sicenata Pacata" (quietos y pacificados). Pero antes de ello les quedaba reducir a un buen número de sublevados lugareños aliados, bien dispuestos a morir antes de ser romanizados. A orillas del río Miño se elevaba el monte Medulio; monte escarpado, fragoso y lleno de rocas y peñascos, casi inaccesible. Los propios guerreros aliados crearon un foso para aumentar la resistencia ante los romanos que se acercaban.  Se escondieron en distintos lugares para sorprender a las centurias que se iban acercando, las dos legiones romanas esperaban al otro lado del río Minio flumini inminenten (río Miño). Los centuriones Antisio y Firmio, cada uno por una ladera diferente dirigían a sus cohortes de legionarios hacia la cima, estaban deseosos de aniquilar cuanto antes a los resistentes guerreros galaicos, cántabros y astures que les estaban esperando. Pero el mismo terreno galaico les estaba creando bastantes bajas, pues las trampas durante la ascensión se sucedían y los legionarios romanos iban cayendo heridos por resbalones y caídas, el terreno se les hacía impracticable para la batalla. Cayo Furnio ordenó a nuevas centurias ascender la montaña, cada una de ellas con su estandarte, intentaba guardar su conjunción ante el quebrado terreno. Mientras tanto, las centurias se acercaban al gran foso creado por los resistentes aliados. El sol comenzaba a elevarse ocultado de vez en cuando por alguna nube negra que amenazaba lluvia, el mediodía se acercaba.

Rodeados por todos los francos de la montaña, no tenían otra opción que esperar la llegada de los romanos y cuando superaban el foso comenzaron a arrojarles piedras y antorchas que pronto crearon incendios al prender los tojos, haciendo más ardua la labor de los romanos al ascender el gran Monte Medulio. Buena parte de las gentes de los distintos poblados lugareños de las tierras ocupadas de Gallaecia se encontraban refugiados en la cima del Monte Medulio resistentes a desprenderse de sus vidas libres.

Las mujeres prendían antorchas, creaban cadenas humanas para hacérselas llegar a los hombres que se encontraban en la orilla del acantilado arrojándolas al momento hacia los romanos. Los niños recopilaban piedras de distintos tamaños y creaban montículos cerca de los adultos para que estos lanzasen las piedras. Conseguían por veces su objetivo y la cantidad de centurias romanas iban mermando el número de sus componentes por los distintos impactos que recibían desde arriba, pero aun así, poco a poco avanzaban en el duro terreno. A punto estaban los romanos de comenzar a escalar los últimos metros hacia la cima cuando de los distintos matorrales salieron como furias los iracundos guerreros galaicos, astures y cántabros que comenzaron a matar romanos con una saña inusitada. Sabían que iban a morir y morirían matando. Antes de morir dieron cuenta de un buen número de romanos, y más de un estandarte de alguna centuria yacía en medio de los tojos quedando quizás olvidado para siempre y que el tiempo se encargaría de cubrirlo de vegetación y lo enterraría como testigo de la valerosa batalla en el Monte Medulio.

Los recursos para defenderse se les hicieron escasos, vieron morir a sus guerreros metros abajo cruzados por las lanzas romanas, no les quedaba otra opción para lograr su libertad. Ya lo tenían todo programado, en caso de que sufriesen la derrota en la batalla, nunca se entregarían a los romanos, o luchaban hasta la muerte o se matarían suicidándose para perpetuar su libertad. Los niños poseían las bayas necesarias que fueron recopilando de los tejos de la zona. Todos lloraban, se abrazaban, gritaban. El tiempo se agotaba. Comenzaron a repartirse bayas rojas venenosas y fueron ingiriendo varias a la vez. Familias enteras se arremolinaban en la arboleda de la cima esperando su momento de perecer. Se miraban con miedo. Las madres lloraban cuando veían a sus hijos debilitarse al ir el veneno haciendo efecto en su organismo, apagándose sus vidas poco después. Los más veteranos aun deseaban matar algún romano más, no se entregarían así como así a la muerte. Otros guerreros, en cambio, prefirieron morir junto a sus familia hundiéndose una daga en el corazón tras escuchar el último latido del corazón de su ser querido. Morían hacia la libertad, para seguir siendo un pueblo libre, personas libres en su tierra hasta esos momentos.
Otros se atravesaron mutuamente con sus espadas, antes antiguos enemigos por causas territoriales, se abrazaban en un pequeño ritual antes de proceder a hundir su espada en la carne del otro, y el otro hacía lo mismo a la vez. Ambos caían heridos de muerte y daban sus últimos suspiros. Alguno prendió fuego a sus ropajes y se arrojó monte abajo para intentar propagar las llamas a los romanos cercanos, que al llegar a su altura lo dejaron arder mientras lo observaban gritar y consumirse bajo el fuego.

Los romanos fueron llegando y perplejos fueron encontrando a cantidad de lugareños, bravos y fornidos guerreros inertes en el suelo junto a sus familias. No entendían, estaban deseosos de matar y su rabia se acumulaba al comprobar que la batalla se había terminado. Algún romano incrédulo comenzó a clavar su lanza en los diferentes cuerpos que iba encontrando, como para asegurarse de que realmente estaban muertos. Lo estaban, se habían suicidado. Un suicidio múltiple por la libertad. Por la libertad en las tierras de Gallaecia, el honor de los últimos y bravos resistentes guerreros astures, cántabros y galaicos nunca más sería vencido. Su historia sorprendió a las altas esferas en Roma que comentaban la valentía de los galaicos muy parecidos a los galos, quienes preferían morir con orgullo proclamando su libertad a ser romanizados. Le llamaron a Gallaecia la pequeña Galia y el monte Medulio quedó para siempre como el símbolo de la libertad de las tierras galaicas.

A falta de más datos, entre otras posibilidades, creo en la posibilidad de que el Monte Medulio estuviese situado en la Sierra do Caurel, en Lugo. El actualmente llamado Monte Cido, topónimo Occidio, (matanza, carnicería). Donde se encontró un antiguo foso y un estandarte romano con el águila imperial junto a otros vestigios romanos. Un lugar escarpado y de difícil acceso donde proliferan los tejos, esos árboles cuyos frutos venenosos sirvieron para suicidarse a los últimos guerreros resistentes de las tierras libres galaicas.

"Por último tuvo lugar el asedio del Monte Medulio, sobre el cual, después de haberlo cercado con un foso continuo de quince millas, avanzaron a un tiempo los romanos por todas partes. Cuando los bárbaros se ven reducidos a extrema necesidad, a porfía, en medio de un festín, se dieron la muerte con el fuego, la espada y el veneno que allí acostumbran a extraer de los tejos. Así la mayor parte se libró de la cautividad, que a una gente hasta entonces indómita parecía más intolerable que la muerte..."[12] [13]       
Lucio Anneo Floro.

FOTOS ANTIGÜOS POBLADORES HISPANOS
Guerreros galaicos, astures y cántabros.
ARTISTA: Ángel García Pinto
BLOG: http://angelgpinto.blogspot.com/

BRIAN EL FILIDHS


Un doce o trece de julio del año cien antes de Jesucristo; un druida llamado Brian, tras sus contactos con los entes de la naturaleza, anuncia a su tribu un alumbramiento muy especial. El nacimiento en la ciudad de Roma de un niño de prestigiosa familia, que traería muy malas consecuencia para todos los pueblos celtas. Según su profecía, la invasión y destrucción del territorio celta por los romanos a sus órdenes, se iría forjando a lo largo de su vida. A ese niño lo llamaron Cayo Julio Cesar, y desde muy joven destacó su madera de líder. Fue un gran orador y estratega. Ambicioso de poder. Nombrado gobernador de las Galias en el año cincuenta y ocho antes de Cristo, tras realizar una gran labor en la Hispania, de la que ya había sido procónsul. Tenía un odio especial hacia los druidas, aunque uno de ellos era amigo suyo, les temía y deseaba su desaparición. Comenzó su cruzada contra esas tierras por considerar que eran unos salvajes.

Ordenó quemar todos sus bosques sagrados y destruir los clanes que los druidas formaban en secreto. Después de su victoria en la Batalla de Alexia, ordenó la muerte del Jefe de los ejércitos de la Galia Libre, el arverno Vercingetorix. Destruyendo el sueño celta de ser libres. Su larga carrera militar y política le permitió llegar a lo más alto, proclamándose dictador de Roma. Aunque después de tantas guerras contra enemigos declarados, fue asesinado por los suyos en el año cuarenta y cuatro del siglo uno antes de Cristo. Su sucesor, un sobrino nieto suyo, se convertiría en el primer emperador de Roma. Tras vengar la muerte de su tío, persiguiendo a sus autores y dándoles muerte, se hizo con el control total del imperio.

Los ejércitos invadieron la Galia destruyendo a conciencia sus bosques sagrados, asesinando a gran parte de los druidas, y exterminando buena parte de su cultura. Al quemarlos, acabaron con la vida de casi todos los pequeños seres sobrenaturales que por la noche iluminaban con sus luces multicolores la espesa vegetación. Todos los territorios sagrados albergaban otro tipo de vida que sólo los celtas podían ver e intuir. Convivían con unos pequeños seres sobrenaturales llenos de mágia y de aspecto humano. Sabían cada cuál de la existencia del otro, y aunque se evitasen, se respetaban de mutuo acuerdo.

Tras las visiones esotéricas que le provocaban los espíritus ocultos del bosque; Brian el “filidhs” (Druida vidente que predecía el futuro, entre otras virtudes), concentró sus poderes en avisar a las deidades y seres de la naturaleza de los peligros de destrucción que podrían sufrir en los años venideros. La respuesta de la naturaleza se manifestó con la presencia de la inmaculada reina del bosque, Bianca, la reina de las Hadas. El druida, le explicó con todo destalle sus visiones, convencido de que la maldad asolaría a esas tierras. La reina nada podía hacer por salvar a la tribu de los humanos, no eran su competencia. Ellos podrían luchar, y si eran vencidos huir, los seres que poblaban el bosque no podían salir de él. El mundo mágico necesitaba de la ayuda humana, y por ello crearon una alianza para encontrar el camino de la salvación.

Pasaron largos meses tratando de buscar una solución, se les antojaba una tarea un tanto complicada. Pero al final determinaron salvar a una pareja de cada ser mágico. Brian tendría la misión de construir una caja con la madera de un roble milenario. La reina de las Hadas, sería la encargada de elegir a dos miembros de cada una de las especies de gente menuda. Sílfides; duendes, gnomos, elfos, trasgos, ninfas, xanas y hadas, todos ellos predestinados a salvar a los suyos. Vivirían en una caja mágica de madera, acondicionada con todas las necesidades de un pequeño bioma.

Por orden de su reina, el roble milenario más antiguo debería donar parte de sí para la construcción de la caja mágica. Y el druida comenzó a tallar la madera, dándole forma, ingeniando un diseño seguro y duradero. A cada lado le había insertado el máximo símbolo de protección druídica, el triquel celta. Que representaría la energía divina; el amor, la fuerza, la sabiduría. Los tres elementos de la vida; tierra, agua y aire, siendo el fuego el círculo que lo envuelve. Además de represenba el presente, el pasado y el futuro. Hacía veneración especial al número tres, número mágico para ellos.

El día del solsticio de verano, todo el poblado de la tribu celta de los carnutos y la totalidad de la gente menuda del bosque sagrado, celebraban la despedida a los héroes de ésta importante misión. Los duendes Eutel y Tegra. Los enanos Tetantés y Enide. Los gnomos Cibrán y Comba. El elfo Bel y la elfina Dana. Los trasgos Roi y Britunia. Las sílfides Galiza y Navea. Las ninfas Cotara y Tamara. Las Xanas Ainé y Pindusa. El hado Nuada y el hada Xiana. Todos ellos fueron los elegidos entre los miles de voluntarios que se presentaron para tan honrosa misión. Todos eran jóvenes y solteros. Eutel, el duende, era el benjamín del grupo. Galiza, la sílfide, la de mayor edad. El hada Xiana, sería la reina la que protegiese a los demás miembros de su pequeño mundo.

Con las vestimentas apropiadas para el solemne momento, de un blanco inmaculado, el druida comenzaba el ritual. Bianca impartía las últimas instrucciones a sus jóvenes; volando por encima de las copas de los árboles, ordenaba que se metiesen en la caja, le entregaba una varita mágica a Xiana. En menos de un minuto desaparecieron entre una densa capa de niebla azulada. La caja mágica se cerró. Toda la tribu entonó los cánticos en la ceremonia de despedida, presidida por la inmaculada presencia del rey. Las gaitas sonaron. Y a medianoche, fueron enterrados bajo tierra, a unos siete metros de profundidad. Una vez terminados los rituales fueron desperdigadas varias semillas de acebo en el lugar, para así protegerlos eternamente.

Brian, satisfecho pero infeliz, continuó con sus labores de druida. Consciente de que pasados muchos años sería inevitable el ataque de los romanos. Se dedicó a instruir a los amdaurs (jóvenes elegidos para ser druidas), hasta que apareció Cayo Julio Cesar con sus tropas.

EL CASCABEL CELTA





Daniel estaba bailando en medio de la pista, el humo le impedía ver a la gente de su alrededor, de repente chocó contra alguien y se dio la vuelta. Sus miradas se cruzaron al instante, perdiéndose en el tiempo y en el espacio, se observaron sin hablar durante unos segundos. La primera en reaccionar fue ella, pues con un gesto de simpatía se acercó y se presentó. El chico, atraído, le dio dos besos y se disculpó por el empujón que le había propinado. Sin mediar palabra, se besaron. La densa humareda se fue despejando; y en medio de la pista, se observaba la silueta de dos enamorados entregándose con pasión, hasta que en un momento dado, desaparecieron. Cupido había actuado muy rápido en esta ocasión, y a partir de ese momento comenzó la relación entra Sandra y Daniel.

Sandra era natural de Santiago de Compostela, morena de ojos verdes, pelo largo y metro setenta de altura. Trabajaba de camarera en un restaurante para costear sus estudios en la universidad. Sus padres vivían en una aldea alejada de la capital gallega, y ella con dos amigas en un piso alquilado. De vez en cuando, salía de marcha el fin de semana, para liberar tensiones. Y es así como conoció a Daniel; un chico de su misma edad, natural de A Coruña, que se encontraba de paso en Santiago por motivos laborales. Era viajante de una empresa de productos de limpieza y cada día se encontraba en una zona diferente de la provincia de A Coruña. Tuvieron suerte, pues al momento salto la chispa.

Al salir de la discoteca se dirigieron al piso de Sandra y sus amigas, allí sucumbieron al desenfreno y al placer. Pasaron toda la noche entregándose uno al otro y al final se durmieron. Daniel se despertó sobresaltado; los besos de Sandra le habían despertado de un sueño, eran las ocho de la mañana de un viernes y tenía que ir a trabajar. Hicieron de nuevo el amor, se ducharon. Antes de la despedida, Sandra, le entregó a su chico un cascabel celta, el cual era una serie de círculos que unidos entre sí formaban una esfera hueca, que en su interior contenía una espiral celta de pequeño tamaño. Era de plata y su sonido exquisito para el oído. Le dijo que era un cascabel especial, celta, muy antiguo. Lo había heredado de su abuela, que a su vez también lo había heredado de su madre, y así hasta perderse en la inmensidad del tiempo. El cascabel alejaba la negatividad, era mágico y atraía a la suerte. También le dijo; que se lo regalaba por que consideraba que era un chico diferente, que le atraía una barbaridad, pero que si algún día lo perdía ya no la volvería a ver.

Daniel marchó hacia otra ciudad llevando consigo el cascabel mágico, pensando en si sería cierto lo que Sandra le había contado de él, imaginándose junto a la bella dama que había conocido en Compostela. Se acostumbró a llevarlo en su bolsillo derecho; de vez en cuando, a lo largo del día, introducía su mano en el bolsillo para hacerlo sonar en su interior. Se convirtió en su amuleto de la suerte, pues era cierto después de un mes que le había beneficiado poseerlo, la ventas habían aumentado en consideración. Mantenía contacto telefónico con la chica varias veces a la semana, deseaban verse de nuevo.

Pero un mal día, Daniel decidió salir de copas con unos amigos en A Coruña. Había adquirido la costumbre de tener el cascabel en sus manos agitándolo, haciéndolo sonar. Ese día, ya bien entrada la noche, se dirigió a bailar a la pista. Una vez en el lugar, se entregó por completo a danzar y brincar al ritmo de la música, siempre con el cascabel en la mano. Hasta que en un momento de descuido; se le deslizó de sus manos y rebotó por el suelo, perdiéndose entre las piernas de los allí presentes, desapareciendo para siempre.

Daniel, preocupado, esperó al cierre y preguntó por el cascabel de plata. No tuvo suerte, pues no apareció. Ni siquiera las señoras de la limpieza que siempre lo encuentran todo. Desesperado, tomó el móvil en sus manos, e intentó llamar a Sandra. Pero de manera misteriosa; su número había desaparecido de la agenda del teléfono, y con él, cualquier tipo de esperanza de volver a contactar con ella.
Unos meses más tarde volvió a Santiago. Se dirigió al piso de la chica para darle una sorpresa, pero en él solo había carteles de se alquila en todas sus ventanas. Al preguntarle a uno de los vecinos por las chicas del tercero izquierda, éste le contestó que se habían mudado hacía tres meses y desde aquella el piso estaba vacío.
Cabizbajo, desencajado, se marchó del lugar convencido de que Sandra era una bruja y que había sufrido algún tipo de encantamiento. Justo hacía tres meses que había perdido el cascabel celta, y al hacerlo perdió a su amor, tal y como ella le había dicho que iba suceder.

Misteriosamente, nunca más supo de ella.

LA CEREMONIA DE LA FUERZA GUERRERA


Era el día el señalado para el ritual, las tropas romanas se acercaban sin descanso, deseosas de aniquilar a todo aquel Kallaikois que se les cruzase en su camino. Las tribus de Gallaecia ya estaban al tanto de lo que se les avecinaba, pues los druidas del consejo sagrado ya se habían reunido para buscar soluciones ante el inminente ataque. La decisión fue unánime; debían de efectuar el ritual sagrado del amor, aprovechar las energías de la vida, para dotar a sus guerreros de un mayor portento a la hora de la batalla. Las tropas de Augusto estaban cerca y la batalla se preveía encarnizada, las legiones ya estaban hartas de la bravura de los galaicos. Sobretodo la tribu de los ártabros, luchadores bestias e incansables, cuyo espíritu guerrero era muy parecido al de los bárbaros germanos. Ambos ejércitos se encaminaban hacia la zona que todos daban por buena para el enfrentamiento, las chairas de Gallaecia era perfectas para crear las estrategias correspondientes. Después de una larga reunión convocaron a las mujeres, niños y ancianos para realizar un ritual común que ayudase a sus guerreros en la gran batalla que estaba a punto de comenzar justo detrás de la enorme montaña del promontorio Ártabro. Los druidas vestían de blanco y el resto de la tribu debía de estar desnuda. Formaron un gran círculo y enlazaron sus manos para una unión total. Los druidas relucían impolutos con sus trajes al sol, uno tras otro, iban acariciando el cuerpo de los iniciantes a druida con una rama de romero. Éstos, tumbados boca arriba y desnudos sobre un colchón de hojas de roble, miraban al cielo mientras concentraban sus energías en el acto que iban a realizar a continuación. Aunque el sol calentaba a esas horas tempranas del día, las antorchas centelleaban sin descanso, y sus chispas eran el único ruido que podía oírse en ese momento.


Los dos jóvenes iniciados, temblorosos pero decididos, pensaban quizás que a lo mejor no podrían llevar a cabo tal misión. La presión de las miradas que el resto de integrantes de la tribu ejercía sobre ellos los intimidaba, pero aun así eran conscientes de que debían luchar contra sus miedos y realizar el acto como nunca lo habían realizado. Los druidas; en fila y uno a uno, rociaban a los amantes con aceite de romero, mientras esparcían a su alrededor brasas de madera de un avellano talado y quemado para la ocasión.

Con todo dispuesto comenzó la ceremonia. El jefe druida guardián del nemetum sagrado, ordenó al resto de oficiantes que tomaran asiento, formando otro círculo alrededor del hombre y la mujer que yacían tendidos en el suelo. Ordenó a su vez que se hiciesen sonar las gaitas, cuyas melodías solían utilizar para entrar al combate. Una vez que comenzó a sonar la música; los dos aspirantes a druida comenzaron a acariciarse, mientras los niños, mujeres y ancianos, que enlazaban sus manos formando un gran círculo, comenzaron a entonar cánticos en honor a los dioses. Eran momento de una mística pura, una concentración absoluta. Se podía observar crecer el miembro del muchacho mientras besaba con pasión a la hermosa chica entregada a su amor. Al tiempo que la temperatura en sus cuerpos iba en aumento, los cánticos aumentaban su volumen. Justo antes del momento de la penetración, el druida supremo les dio un brebaje especial, cuyo secreto mantendría fielmente guardado, hasta el momento en que debiese revelarlo a su sucesor.


Los jóvenes se entregan con pasión, las gaitas y los cánticos crean una escena estruendosa que les de ánimo a proseguir. Los druidas elevan sus manos hacía el cielo, invocando a los espíritus de los robles centenarios que pueblan el bosque. Le solicitan que acepten la energía sexual que produce tan apasionado desenfreno, le piden a las deidades del bosque que guíen la energía hacia los suyos, hacia los bravos guerreros que en ese mismo instante estaban desplegando su fuerza ante los romanos, para defender la libertad de su pueblo. Los iniciados sudaban sin cesar y empapados unían sus cuerpos, concentrados en su amor. Pero justo en el momento en que se preveía el éxtasis final, alguien dio la voz de alarma. Se aproximaban los romanos, y el ritual se terminó.


Las mujeres, niños y ancianos, se desperdigaron hacia el interior del bosque, los gritos y empujones se sucedían, el desconcierto era total. Los druidas cubrieron con rapidez los cuerpos de los jóvenes, todo el mundo estaba aturdido por los acontecimientos que estaban viviendo. No tardó en llegar la centuria de los romanos, sabedores de que los integrantes de la tribu se ocultaban en el gran bosque. Aniquilaron a cuanto druida encontraron en su camino, pues con sus túnicas blancas sagradas eran un blanco fácil. No importaba si niño, mujer o anciano, todos y cada uno de ellos eran degollados o traspasados por las largas lanzas romanas. Incendiaron el bosque sagrado, y con él a las decenas de cadáveres que se acumulaban en su interior. La sorpresa de los guerreros ártabros fue mayúscula, cuando contrariados observaron tras el promontorio, la enorme columna de humo que desprendía el bosque de su tribu. Llevaban medio día esperando la llegada de un ejército romano que apareció por sorpresa y por el lugar que menos esperaban. Y es que Octavio Augusto no se andaba con contemplaciones a la hora de realizar una estrategia que le pudiese permitir una holgada victoria.


Corría el año veintinueve ante de Cristo, y el primer emperador de roma conseguiría su propósito, conquistando la totalidad del territorio de Gallaecia, romanizando con el tiempo a unos resignados ártabros. Aunque eran muchas las tribus que por aquellos tiempos poblaban la geografía galaica; narbasos, nemetanos, leunos, bracarenses, caporos, tamaganos, albiones, helenos, supertamaricos, etc...

EL REENCUENTRO



El tren llevaba una hora y media de viaje, aun le quedaba por delante más de la mitad del recorrido que debía realizar. Los maquinistas se encontraban charlando entre ellos, discutiendo sobre política, argumentando cada cual su parte de razón. El vagón de pasajeros estaba tranquilo, algunos dormían, otros observaban el paisaje o leían un libro.

La niña María estaba sentada junto a la ventanilla, su padre la esperaba en Galicia, estaba deseando llegar a su encuentro. Había sido todo una casualidad; pero gracias a ello, al destino quizás, había conseguido saber de donde era su procedencia, el destino la sorprendió cuando peor lo estaba pasando. Y ella estaba agradecida, feliz.

María tiene doce años. La criaron unos padres adoptivos desde que tenía meses. La enfermedad mató a su madre congénita y su padre la entregó en adopción por no poder atenderla. Se crió con un matrimonio pudiente, el cual le entregó a su manera todos los caprichos que se le pudiesen ocurrir en sus doces años de existencia. María estudia en los mejores colegios, lleva ropa de marca, tiene móvil. En su habitación tiene todo lo que pueda desear una chica de su edad. Un buen día, se torció un tobillo al bajar las escaleras del conservatorio, la persona que la auxilió en ese justo momento era su verdadero padre. Aunque claro está, ninguno de los dos lo sabían. Pero algo debe de haber en este mundo, o en nuestra conciencia, que nos permita reconocernos, ya sea el alma o el espíritu a través de una mirada. Se observaron en silencio, a él le recordaba a su mujer, a ella esa voz le resultaba familiar, Al caerse, a la niña se le abrió el bolso, y salió a relucir su documentación. El hombre la recogió del suelo con mucha bondad, comprobando que sus apellidos coincidían con los de las personas que había investigado.

Le contó a la chica su procedencia, le enseño las fotos de su madre, le preguntó si era feliz. Ella en un principio le costaba entender que pudiese existir un coincidencia tal en esta vida, pero luego emocionada lo disfrutó. Su padre verdadero, cuanto había soñado con ese encuentro. Podría conocer el lugar donde nació. Y disfrutar junto a él del recuerdo de una madre que murió para que ella pudiese venir al mundo.

Sus padres adoptivos la comprendieron, estaban demasiado ocupados con sus negocios, fiestas y celebraciones de todo tipo. Eso sí, se encargaron de aprovisionarla con todo tipo de tarjetas de crédito para que de nada le faltase. Para la niña era toda una liberación, encontrarse con sus raíces durante un fin de semana, harta de acudir a todo tipo de actividades y aburrida del agobio de una ciudad como la capital del país.

El tren se acerca, es el momento de aumentar las emociones, a su edad es un momento pletórico, feliz. Se dispone a vivirlo. Su padre ya está esperando en la estación, sentado en un banco afina su oído para adivinar el momento en el que el tren aparece. Después de la muerte de su esposa, al nacer María, no había tenido más remedio que entregar a la niña a los servicios sociales. Por aquellos tiempos era un borracho, lo que derivó en el despido de su trabajo. En poco tiempo se encontró solo; hundido, sin familia, sin trabajo y sin dinero. Lo ingresaron en un psiquiátrico, y allí paso once años de su vida. Al salir consiguió un empleo, y se puso a investigar sobre el paradero de los padres adoptivos de su hija. Consiguió saber algo, pero al final decidió no interferir en la vida de la niña. Durante un viaje laboral a Madrid; de casualidad recogió a una niña que se había caído, era ella, la reconoció con la mirada.

Y fue mágico el momento en el cual se abrazaron en el andén, la vida les había devuelto algo que les debía.

LLUVIA DE TONTERÍA


A veces llueve tontería

y empapa de hipocresía

a gente insoportable

que siempre busca un culpable,

un culpable cada día.


Un yo acuso omnipresente,

casi nadie es consecuente,

y todo ello es detestable.

Poco tiene de entrañable

el acusar por porfía,

como un necio contundente.


Todos tienen sus motivos

¿Se pondrán de acuerdo de vivos?

¿Se pondrán de acuerdo de muertos?

¿Llegarán a un acuerdo urgente?

¿Continuarán con su osadía?

¿Aceptarán sus desaciertos?


No es lo que yo quería,

es lo que ofrece la vida.

Continúa desavenencia

Cada loco con su ciencia,

cada quién con su poesía

y con su razón cautiva.

Cada cual más empapado

cuando llueve tontería.

LOS NÉMETONS DE GALLAECIA Y SUS SERES MÁGICOS



Los romanos invadieron La Galia destruyendo a conciencia sus bosques sagrados. Asesinaron a gran parte de los druidas, y exterminaron buena parte de la cultura de los celtas. Al quemar los bosques sagrados, acabaron con la vida de casi todos los pequeños seres sobrenaturales que por la noche iluminaban con sus luces ulticolores la espesa vegetación. Todos los territorios sagrados albergaban otro tipo de vida, que sólo los celtas podían ver, intuir. Casi todos han desaparecido. Convivían con ellos en sus bosques sagrados llenos de mágia llamados Nemats o Németuns unos pequeños seres sobrenaturales de aspecto humano. Humanos y pequeños seres sabían cada cuál de la existencia del otro, y aunque se evitasen, se respetaban de mutuo acuerdo.

Muchos de los celtas que sobrevivieron a la invasión romana escaparon hacia territorios del norte de la península Ibérica. Allí fueron acogidos por unas tribus que aun se defendían con uñas y dientes contra el asedio romano. Se integraron con rapidez, ya que eran tribus de similares costumbres. Los Németons de Gallaecia estaban en pleno auge a finales de la siglo I a.c. Sus bosques acogieron numerosos rituales a escondidas de las patrullas romanas que todo lo vigilaban.

La magia de los bosques gallegos ha perdurado a lo largo de los siglos en algunos lugares. Las Carballeiras, los soutos, castiñeiros y demás arboledas presentes en la geografía gallega, conservan el encanto mágico de éstos bellos y místicos lugares donde a lo mejor aun hoy en día, si se busca en condiciones, se pueda encontrar algún lugar donde habiten los bellos seres mágicos que pueblan lo que eran bosques sagrados en la antiguedad.

VALIENTES LLAMADOS LIQUIDADORES


Hasta un millón de personas pudieron convertirse en los llamados "liquidadores", que se dedicaron al trabajo después del accidente de la central nuclear de Chernóbil. Siendo el tiempo el que valora el trabajo de todos, pero cabe destacar la historia de tres de ellos, dos ingenieros y un trabajador de la central. Fueron especialmente importantes por su respuesta para salvar a Europa de una enorme contaminación radiactiva. Alguien tenía que hacerlo. La salud de Europa dependía de su trabajo. Eran tres hombres valientes que con un sobrenatural honor se dirigieron hacia una muerte más que segura por su exposición a la radioactividad. Teniendo como misión sumergirse en la piscina radiactiva del reactor para abrir unas válvulas que permitiesen la salida del agua contaminada hacia unos tanques donde se almacenarían en ante la emergencia. El agua tenía un color azul que indicaba el porcentaje bestialmente elevado de radiactividad y se enfrentaron a niveles de radiación miles de veces superior al que puede soportar un ser humano.  Después de todo, alguien tenía que hacerlo, y fueron estos tres valientes hombres, también llamados los Biorobots. Eran parte de las miles de personas que entregaron su salud para salvar la del resto de los ciudadanos de Europa tras el accidente del reactor en Chernóbil. Fueron al lugar para salvar muchas vidas en el futuro.

A media mañana, Alexei Ananenko, Valeriy Baranov Bezpalov y Vasin Boris tomaron vodka para envalentonarse, llevaron pertrechos necesarios y se dirigieron hacia el lugar donde se encontraba la lava radiactiva del reactor N º 4.

A medida que se acercaban el reactor estaban más expuestos, más contaminación, fue un viaje de ida, cada paso que dieron una despedida. Entraron en el lugar, el nivel -5 del reactor donde se encontraba la piscina de agua para enfriar el combustible radiactivo, una piscina con un agua cuya radiactividad era casi sólida. Uno de ellos se quedó alumbrando hacia la piscina en la parte superior mientras que los otros dos héroes se sumergieron en el agua y abrieron las válvulas. Nadie más estuvo presente para saber lo que estaban haciendo y como se encontraban. Minutos más tarde, el agua comenzó a fluir a través de un tubo que la conduciría a un lugar seguro. No tardaron mucho en morir por la exposición a los altísimos niveles de contaminación que terminó con ellos de una manera terrible, sufriendo un síndrome radiactivo extremo. Fue toda una demostración de valor y honor. Mucho coraje para evitar una gran columna radiactiva que habría contaminado toda Europa.

Tras lo sucedido en Japón hay personas que luchan contra una catástrofe y enfrentándose a elevadas radiaciones apagan incendios en reactores, también podrían llamarse "los liquidadores" por estar expuestos a las radiaciones nocivas mientras se esfuerzan por reducir los efectos de la devastación que sufre su país desde hace días.

Y cada día que pasa estoy más convencido de la maldad para la humanidad que son las centrales nucleares repartidas a lo largo de varios países del mundo, siendo una energía peligrosa, altamente contaminante y dañina para el ser humano. Muy cara y residual.  El futuro no está en lo nuclear, está en el viento y en el sol, no queremos hipotecas radiactivas que puedan acabar con la humanidad.



Ligazóns:

Los liquidadores.

LA REPRESIÓN OBRERA DEL SETENTA Y DOS


El Ferrol de los setenta acogía unas importantes asambleas clandestinas, los vocales jurados que representaban los intereses de los trabajadores del naval fueron suspendidos de empleo y sueldo. Se enteraron en las primeras horas de la mañana del día nueve de marzo de mil novecientos setenta y dos. La noticia corrió como la pólvora por el entorno del astillero, y en solidaridad con sus compañeros se concentraron en las gradas cientos de trabajadores. De allí fueron a la explanada donde se encontraban las oficinas de la dirección de la empresa y escucharon las palabras del director, que no logró convencerlos. En ese lugar permanecieron sin retornar a su puesto de trabajo hasta bien entrada la tarde. El requerimiento de las autoridades para que abandonasen la empresa no fue suficiente para disolverlos. Eran, las tres y media de la tarde, y las fuerzas de seguridad del Estado tomaron la empresa. Había varias grilleras dentro del astillero y sobre las cinco y cuarto de la tarde, se bajaron numerosos policías cargados con sus porras y demás utensilios de fuerza, no dudaron en cargar contra los indefensos trabajadores.

A la salida del astillero les esperaba otro buen número de efectivos policiales que los acorralaron, repartieron palos de lo lindo a diestro y siniestro. Varias pelotas de goma rompieron cristales de algunas casas particulares del barrio de Esteiro. Los botes de humo y los porrazos estaban en la orden del día, muchos obreros yacían en el suelo doloridos por las palizas. Los trabajadores corrían por todas las esquinas posibles para escapar del asedio de los temibles cuerpos de seguridad represores de aquellos tiempos de dictadura venida a menos. Estaban acorralados. Fueron numerosos los heridos, por miedo a curar sus heridas en los hospitales y evitar represalias de las autoridades, acudían a escondidas sus casas particulares, cuyos propietarios los atendían de manera clandestina.

Mi abuelo estaba cansado de tanto correr; se había escondido entre los árboles del cantón, el barullo y el alboroto, creaba en esos momentos la imagen del caos en Ferrol. Tenía miedo, eran numerosos los policías que corrían detrás de los trabajadores ensañándose con ellos a golpes con sus porras. Había recibido un pelotazo en una pierna, no podía caminar sin tener que soportar un enorme dolor. Quería refugiarse en casa de mi madre, que por aquellos tiempos vivía en la Travesía de San Luís, justo enfrente del Campo de Batallones. Como pudo, fue evitando a los policías, que al verlo tendido lo aporreaban a su paso sin miramiento alguno. Logró a duras penas llegar a casa de mi madre, malherido, atemorizado por lo que acababa de vivir.

Era el diez de marzo de mil novecientos setenta y dos en el antiguamente llamado Ferrol del Caudillo. Al día siguiente, los trabajadores de los astilleros, demostrarían un espíritu de unión obrera ejemplar para que en muchas localidades de Galicia y España se alzasen a reivindicar sus intereses. Decidieron agruparse enfrente las puertas del astillero a primeras horas de la mañana. Para reivindicar la represión sufrida el día anterior. Decidieron hacer paro general ese desgraciado día diez de marzo. Como el gobierno no estaba dispuesto a tolerar ese tipo de situaciones en el país, enviaron a Ferrol mayor presencia policial.

Los obreros sólo deseaban manifestar un trato digno, el derecho a ser escuchados en negociaciones futuras, a no ser reprimidos por la fuerza bruta que demostraba la policía por aquellos tiempos. Se les estaba privando de sus derechos. Pero cuando comenzaron su recorrido por las calles, las fuerzas de seguridad del estado dictatorial ya los estaban esperando. Eran unas cuatro mil personas, unidas para reivindicar sus derechos, pero no los escucharon. La policía recibió la orden de cargar contra la multitud, cuando ésta iniciaba su recorrido por As Pías en dirección a Caranza. Los obreros en vez de acobardarse y huir como el día anterior, se enfrentaron valientemente a las fuerzas de seguridad, cargados con palos y piedras, decididos de una vez por todas a luchar unidos. Pero la policía disparó de manera indiscriminada, con sus zetas ametralladoras y sus pistolas, logrando alcanzar a numerosos heridos. A los desgraciados diez minutos ya había un muerto. Y otro más poco después. Sus propios compañeros los trasladaron al hospital, mientras otros, ya enloquecidos por la noticia que corrió como un rayo de la muerte de un compañero, lograron acobardar a los sorprendidos policías que nada pudieron hacer para reducirlos que escapar del lugar.

Se crearon piquetes informativos para que los vecinos de Ferrol y su comarca supiesen lo que acababa de acontecer. Ese día hubo cientos de contusionados, más de una docena de heridos de bala, entre ellos dos muertos. A todo juicio racional le queda manifiesta la desproporcionada actuación de las fuerzas de seguridad del régimen de Franco. Ese día Ferrol era una ciudad asustada. Las personas se encerraban en sus casas, temerosas de futuras detenciones que finalmente se produjeron.

Mi abuelo materno, maltrecho de las heridas del día anterior, no pudo acudir a la manifestación de ese desgraciado diez de marzo. Se quedo en casa, pendiente de la radio y el televisor. Salvando a lo mejor su vida. Si no llega a estar maltrecho, a buen seguro que estaría ahí al pie del cañón. Eso sí, acudió al entierro de los compañeros fallecidos, donde según contaba había cientos de policías custodiando el mismo. Como si eso fuese una nueva manifestación que el régimen franquista entendía como peligrosa. Eran los últimos avatares de la dictadura. Pero fueron momentos duros, llenos de dolor, de una unión obrera ejemplar para cualquier lugar del mundo. Los fallecidos se convirtieron en una especie de mártires de su Lucha. Hoy en día, en el barrio de Recimil (Ferrol), se puede observar el Monumento al Obrero. Cada diez de marzo, se celebra un acto de ofrenda en recuerdo de aquellos hechos, de los fallecidos Daniel Niebla y Amador Rey. Cada año se realiza un sincero homenaje a ese espíritu de unión obrera ejemplar en el año setenta y dos.

El padre de mi madre me contagió ese espíritu de lucha que debemos de tener todos para reivindicar nuestros derechos de una manera civilizada, que nunca deberemos de acobardarnos a exigir nuestros derechos y libertades. Mi abuelo Jorge me relató en su día estos hechos, siendo para mí una declaración muy importante sobre lo sucedido ese día de marzo, justo un año antes de que yo naciese. Crecí con la lucha obrera en la sociedad, sentí esa lucha obrera que operaba en la calle, crecí con ese despertar hacia una democracia, y con reconversiones navales.

LOS CELTAS






Los Celtae o Los Keltoi, la tribu oculta, la tribu misteriosa. Algunos de sus misterios fueron desvelados a la humanidad mediante hallazgos sorprendentes en el siglo XIX. La Cultura de Hallstatt (750 a.C - 450 a.C) a finales de la edad del bronce, y la de La Tène (450 a.C – 60 d.C) ya en la edad del hierro, son las épocas explendorosas del arte celta, de expasión de su cultura en general. Podemos suponer que son el primer pueblo que ocupó gran parte de Europa hasta la llegada de las tribus germanas, los griegos, los cartagineses y los romanos sobretodo. Los de Roma contribuyeron a su desaparición. Las tribus celtas se unieron cuando ya era demasiado tarde, sin que ello desmereciese su lucha heroica, brava, con honor. Ambas culturas o periodos de apogeo celta fueron descubrimientos que sorprenderían al mundo. Su orfebrería; su armamento y sus armaduras, sus calderos mágicos, sus monumentos megalíticos, su brutalidad con los enemigos, sus rituales, su amor por la naturaleza, sus poblados fortificados con murallas laberínticas, sus fiestas, sus mágicos herreros, sus canteros místicos y carpinteros de tallas misteriosas. Amantes de lo oculto, de lo mágico. Su gobernante era un rey. Su protector un druida. Los valerosos jefes guerreros sus defensores.

Sus bosques sagrados estaban repletos de árboles cargados de moras y frambuesas. Era el lugar que los druidas utilizaban para realizar sus rituales, en ocasiones especiales también participaba la tribu entera. Cantaban y danzaban bajo las sombras mientras sonaban las gaitas. Formados en circulo rendían su homenaje al sol, a la luna, a las estrellas, a la naturaleza, y a la vida. Un pueblo que amaba la libertad.

Tras la invasión romana, algunos celtas supervivientes, se quedaron en territorios ocupados y asimilaron las costumbres romanas, se romanizaron. Aunque el imperio invasor no consiguió terminar con su leyenda y gracias a ellos son inmortales.
Pero la historia de los celtas no se acabó con la conquista de casi la totalidad de su territorio, pues parte de sus costumbres y creencias continuaron arraigadas en algunas zonas a las que los romanos no pudieron acceder. Los celtas galos que escapaban de sus fauces, mantenían buenas relaciones con los isleños britanos y éstos, los acogieron con amabilidad. Algunos escaparon hacia el noroeste de Iberia, un lugar donde vivían tribus keltoi de similares costumbres. Los celtas no eran un pueblo unido. Eran muchas tribus repartidas a lo largo de Europa, las cuales, se preocupaban cada una de si misma. Algunas veces se atacaban unas a otras. En algunas zonas hubo alianzas, para crear mayores ejércitos que les permitiese una defensa segura. Muchos poblados eran saqueados por otros celtas que buscaban robar sus tesoros o quedarse con sus propiedades. Todas estas rencillas terminaron cuando se aliaron contra los romanos, aunque algunas tribus de la Galia cambiaron de bando y fueron determinantes para la caída del ejército Galo, pues lucharon junto a los romanos y a las órdenes de Cayo Julio Céasr.

En la etnia celta, aunque predominasen los de cabellos rubios y los de ojos azules, podían haber sido también trigueños de ojos castaños o grises, pero siempre altos y fornidos. Los hombres se dejaban el pelo largo, igual que las mujeres, se lo recogían en una coleta a la hora del combate. Las mujeres también eran combativas y excelentes luchadoras, pero se dedicaban sobretodo al cuidado de la familia, en ese terreno mantenían firmes a los temibles guerreros celtas, que en su casa no mandaban. Ellos asustaban con sus enormes mostachos, y ellas evocaban la dulzura con su piel blanquecina. Amaban a sus mujeres y aunque fuesen letales en el manejo de sus armas, sabían perfectamente que el hogar era de ellas, por lo tanto, en casa estaban siempre a sus órdenes. Los celtas eran una raza muy misteriosa, implacable.
En sus fortificaciones pretendían despistar al enemigo construyendo laberintos. En un laberinto el enemigo perdía un tiempo irrecuperable, que ellos aprovechaban para atacar sin causar muchas bajas en su ejército. Sus casas eran oppipas, casas circulares de piedra con tejados de paja y rodeadas de murallas para mayor protección.

No eran sólo una cultura, eran algo más. Fueron respetuosos con la naturaleza, vivían en sintonía con ella. Los altos poderes que gobernaban las tribus eran los monarcas, los cuales, se dejaban influenciar demasiado por unos brujos, hechiceros, consejeros, llamados druidas.

Un Druidae (druida), entre otras apreciaciones, significa “Hombre de los robles”. Era una persona con múltiples cualidades y la más influyente de una tribu celta, después del rey. Eran los oficiantes del culto a los dioses, a espíritus y deidades en la naturaleza que los rodeaba, sobretodo en sus bosques sagrados llamados nemat o nemetum. Druidas, descendientes de un ser supremo, guardianes de los bosques y de las tribus celtas. Hechiceros, curanderos, sabios, jueces de lo oculto, de lo mágico y de lo espiritual. Con su magia; podían conseguir que un pequeño poblado con unos cuantos guerreros, derrotase al mejor de los ejércitos, en un ritual en el que aprovechaban la energía desprendida por dos fogosos jóvenes, haciendo el amor en el altar sagrado del bosque. Los símbolos mágicos que ellos creaban, protegían a los suyos con la energía de los dioses de la naturaleza. Realizaban un brebaje mágico, secreto, que proporcionaba a los guerreros de las tribus una energía sobrenatural. Hacían cerveza de trigo y miel, llamando corma al producto resultante, con el cual se emborrachaban.

Un bosque frondoso de robles milenarios, era el lugar de reunión de los druidas, su lugar sagrado. Todos los árboles tenían su motivo de culto, pero el árbol por excelencia para los celtas fue el roble. En honor al dios céltico Dagda, el Creador. Hermosos, robustos y vigorosos, poseen normalmente una salud de hierro. Cuando nacía un nuevo integrante de su raza, los druidas plantaban un roble. Si el árbol arraigaba pronto, creciendo fuerte y vigoroso, podían predecir a la perfección que el recién nacido tendría una excelente salud, e incluso si sería guerrero o druida. Su alma y el espíritu del roble recién plantado quedaban unidas para siempre. Predecían el futuro de los suyos a través de el crecimiento de sus árboles correspondientes. Era sorprendente el poder y la sabiduría de los misteriosos druidas que hablaban con los árboles. Muchos clanes druídicos sucumbieron ante los romanos, y otros, de manera oculta consiguieron realizar sus actividades druídicas trasmitiéndolas por generaciones hasta su desaparición. Hoy en día existen comunidades de druidas deambulando por medio mundo. Se celebran diversos rituales druídicos, aunque ya poco tienen que ver con los realizados en la antigüedad. A lo mejor algún druida de la antigüedad se ha reencarnado en un druida moderno. Los celtas creían en la reencarnación.

LOS PASAJES DE LA VIDA



¿Porqué escuchamos la voz de ese hombre, papá?
-  Por qué nos está contando un cuento.
-  ¿Un cuento de quién?
-  En este caso de Rosalía de Castro.
-  ¿Quién era Rosalía de Castro papá?
-  Si escuchamos el cuento, lo sabrás.

La niña escuchó en silencio la voz del narrador, una voz suave y entregada, armónica y atrayente para el que escuchaba. Se recostó sobre el hombro de su padre. Ambos escuchaban la voz de Juan Antonio Cebrián relatando con sus dotes de gran narrador los avatares en la vida de Rosalía de Castro. El granizo golpeaba en los Velux del techo, la enorme cristalera se teñía de blanco, fue necesario subir el volumen del MP3 para escuchar de manera nítida el podcats del pasaje de la historia sobre la gran escritora gallega.

-    ¿Papá?
-    Dime.
-    ¿El señor que cuenta la historia de Rosalía está leyendo?
-    No, Lucia, lo está diciendo de memoria. Es ciego; no puede leer, o si, depende.
-    Jolín, ¿de memoria?  ¿Y cómo se puede saber aprenderse todo eso de memoria?
-    Porque lo estudió. Lo leyó mediante el lenguaje Braille para ciegos, que utiliza puntos y guiones en relieve para transmitirle información, es una manera que ellos tienen para leer. Pero además de todo eso Juan Antonio era un genio.
-    ¿Cómo el de la lámpara de Aladino?
-    No Lucía, un genio es un persona que actúa con una capacidad extraordinaria para crear cosas nuevas, inventar canciones o escribir cuentos o historias que nunca nadie fuese jamás capaz de igualarlos. Uno de los ejemplos de su genialidad son sus Pasajes de la historia de su programa de radio La Rosa de los Vientos.
-    Entonces, ¿Juan es un genio en pasajes de la historia?
-    Claro. No sólo en eso, en muchas cosas más.
-    A mí su voz me suena, papá.

Tuve que pulsar el stop del aparato y retroceder un par de minutos, era necesario explicarle algunas cosas antes de continuar con la historia. Estaba claro que la voz de Juan Antonio Cebrián le sonaba, creció escuchándolo desde bebé. Muchas tardes escuchábamos juntos los pasajes de la historia, ella claro no entendía, yo sí. Pero mientras ella estaba recostada en su cómodo sofá balancín, yo me sentaba delante del ordenador y comprobaba como la melosa voz de Juan Antonio amansaba a mi hija y la mantenía divagando en silencio hasta que terminaba la historia. Las muchas situaciones históricas de batallas, traiciones, versus, biografías de personajes importantes y valerosos, las había escuchado anteriormente con apenas meses y luego a medida que aprendió a andar cualquiera la mantenía quieta en el sofá balancín para escuchar el pasaje de la historia correspondiente. De aquella, Juan Antonio Cebrián aun estaba entre nosotros. Pensé e imaginé como muchos rosaventeros que los pasajes de la historia aumentarían en número a medida que fuese trascurriendo el tiempo, y así, cuando mi hija tuviese mayor entendimiento nos sentaríamos juntos a escuchar los innumerables pasajes de la historia acumulados. Un día triste sin despedida, como hacen los genios, Juan Antonio se fue al mundo de los genios y con ellos está desde entonces, pero a nosotros tampoco nunca nos ha abandonado. Los pasajes de la historia y su voz aún son nuestra compañía. Y, bueno, la niña ya tiene siete años, ya sabe leer y escribir. Ya lee cuentos y aprende historias y siendo la niña que es, que mejor regalo le puedo hacer que poner un pasaje de la historia cada día, y centrarnos cada día en la historia que Juan Antonio nos relata, para así comentarla e ir aprendiendo de la vida y de sus personajes escuchando la apacible voz del grande Cebrián. Le expliqué que hacía tiempo había fallecido y que se encontraba en el mundo de los genios, que cómo recuerdo nos quedaba su voz relatando historia.

Ambos, recostados en el chaiselonge mirábamos hacia el mismo lugar, como si estuviésemos observando la tierna silueta de Rosalía de Castro que narraba la voz de un dulce e impecable Juan Antonio Cebrián. Al finalizar el pasaje; mi hija Lucía se interesó por la vida de Rosalía de Castro, la madre de todos los gallegos, decía. Yo, orgulloso, tomé en mis manos el libro de Follas Novas y juntos leímos poesía gallega. Le enseñé fotos de Rosalía, las fotos de la casa de Rosalía (a donde requirió ir en cuanto se pudiese). Juntos terminamos la tarde escuchando la voz de un video de Youtube en el que Luz Casal cantaba los versos de Negra Sombra: 
- Cando penso que te fuches...

Yo pensaba en Juan Antonio Cebrián y en su genialidad, por siempre presente. Esperaba y deseaba que mi hija también aprendiese de los treinta y dos rumbos de La Rosa de los Vientos con fuerza y honor.  A lo largo del tiempo, le esperarían a mi hija numerosos Pasajes de la Historia, cuando se terminasen le esperaban los podcats de Mujeres con Historia, narradas por la viuda del genio, llamada Silvia Casasola. Pero eso ya es otra historia.

-    ¡Qué bonita es esta canción papá!...



EL RITUAL DE LA GUERRA


 La noche había caído sin piedad y la luna brillaba en su cuarto menguante provocando sombras ancestrales en medio del bosque, las ramas de los robles danzaban al ritmo que imponía el viento suave que las acariciaba. En la pequeña planicie se divisaba un nutrido grupo de personas formando un círculo. Realizaban un ritual celta. El guardián del bosque y jefe supremo de las tribus galaicas, el druida Arcanuz alzaba sus brazos al cielo mientras lanzaba sus versos invocando a las deidades de la noche, a los espíritus del bosque que moraban en espera de ser reclamados. El pequeño cordero era sujetado por los jóvenes amdaurs, presintiendo quizás que se acercaba su triste final. Sería entregado a los dioses para que intermediasen ante la terrible batalla que se avecinaba. El bravo ejército de las tribus aliadas se amontonaba bajo el robledal sumido en una especie de penumbra, las escasas antorchas que iluminaban el ritual no llegaban a todas las zonas del nemetum sagrado, el lugar donde se celebraba el ritual de la guerra.

El cordero fue degollado por la daga del druida Arcanuz, el joven amdaur Kaé temblaba ante las embestidas del animal dando sus últimos movimientos instintivos de defensa, hasta que poco a poco cesó exhausto. La sangre del cordero fue vertida por completo en unas tinajas y sus restos arrojados al fuego. Los vítores de los bravos guerreros celtas comenzaron a atronar el lugar, muchos se empujaban entre ellos jubilosos esperando el momento de ser alcanzados por alguna gota de sangre que los druidas del consejo comenzaron a esparcir. Una vez cumplido su objetivo el guerrero se apartaba para dejar a otro ser alcanzado por unas gotas de la sangre de la guerra. Tenían la convicción; así lo aseguraban los sabios druidas, que el guerrero que fuese alcanzado por una simple gota de sangre durante el ritual seria dotado de la protección de la deidad celta Lug, aportándoles vigor, brillantez y tenacidad, lo necesario para vencer a los ejércitos enemigos que acechaban. Cerca de setecientos hombres recibieron de alguna manera parte la sangre del cordero sacrificado. El resto, unos dos mil infortunados, tendrían que conformarse con sus dotes naturales.

El consejo druida dio por finalizado el bullicioso ritual, la antorchas se apagaron, tan sólo el fuego iluminaba la noche en un claro del bosque de robles. Los guerreros comenzaron a tomar posiciones, se fueron instalando en varios lugares estratégicos donde se ocultaban para intentar sorprender a su enemigo. Esperaban la llamada de los karnyx que anunciaría el comienzo de la batalla.

Los ejércitos romanos se acercaban a un ritmo frenético y en perfecta formación, intentaban acosarles por diferentes flancos siendo conscientes de su superioridad, estaban decididos a terminar de romanizar los escasos territorios galaicos que se resistían, sobre todo la costa ártabra…

BROMA INOCENTE


Julián despertó sobresaltado ante una pesadilla extraña y empapado en sudor intentaba recordar los detalles de esos momentos incómodos soñados. Se levantó casi mareado, le dolía el pecho, se volvió a sentar. Respiró de manera profunda e inspiró de la misma manera, intentaba relajarse. Estaba nervioso, su corazón acelerado le indicaba que algo no marchaba bien. Poco a poco, tras recuperar el compás de su respiración logró calmar el ritmo cardiaco y sentirse mejor. Pensó en el móvil, en llamar a una ambulancia, pero como su malestar iba desapareciendo declinó ese pensamiento. Se levantó despacio y manteniéndose en pie esperó a no sentirse mareado para comenzar a caminar hacia la cocina y prepararse el desayuno, aunque ya eran las dos de la tarde.

Encendió la radio. En ella se enteró de que el Deportivo había fichado a Ronaldo “el gordito” , una noticia impresionante que le costó asimilar, pensó que tal vez a Lendoiro le habría tocado la lotería de Navidad y que aunque fuese un fichaje de renombre el futbolista ya estaba dando los últimos coletazos. Se bebió el zumo de naranja que había preparado, apagó la radio y encendió el portátil. Abrió su web favorita El Reservado. Al cargar la página sus ojos desorbitados pudieron leer la noticia sobre la retirada de los cargos a Julián Assange y no entendía nada, -¿qué está ocurriendo hoy?-, pensaba. Sonó el teléfono.

- Diga
- Hola buenas tardes
- Buenas
- ¿No me conoces?
- Pues no, ¿quién eres?
- Soy Rocío Lamas Turbada
- ¿Quién?
- Rocío- La-masturbada, ja, ja.

Colgaron el teléfono. Eso le pasaba por coger llamadas con el número oculto. De nuevo se le pasó por su mente la idea de que ese día estaban pasando cosas muy raras.

Se dedicó a indagar por las diferentes webs que visitaba de manera habitual mientras daba sorbos ruidosos cada vez que se acercaba la humeante taza de café a los labios. Y así, leyó en el diario digital Sport unas declaraciones en las que Ibrahimovic afirmaba: “Si me encuentro con Guardiola, lo dejo knock-out”. Joder con el chulo del sueco. Se dispuso a visitar su página favorita de fórmula uno, F1 al día, y de nuevo se sorprendió, “Schumacher podría volver a Ferrari en 2011”. Jolín con el día. Leyó el desarrollo de la noticia y se convenció de que era verdad, de nuevo se sorprendió. En los últimos días había estado muy desactualizado, inmerso en su trabajo casi las veinticuatro horas del día, su empresa se hundía ante las crisis e intentaba reflotarla pero con su entrega estaba debilitando su salud, lo notaba.

Cerró las noticias deportivas y abrió distintos diarios de noticias digitales donde se encontró una de las noticias que más le indigno, la subida de cincuenta euros anuales a la factura de la luz, todo se estaba poniendo muy negro, los poderosos cada vez lo eran más. Arto de todo, afectado, sorprendido e indignado, apagó el ordenador y se dirigió al baño a darse una ducha. Encendió la radio, sintonizó Onda Cero, su emisora favorita. Mientras se desvestía para entrar en la ducha pudo escuchar la noticia de que el Real Madrid había fichado a Ibrahimovic en el mercado de invierno, no pudo más que reírse si ganas, - Este día es de locos-, pensó mientras se duchaba.

Sonó el timbre de la puerta; presuroso comenzó a secarse con rapidez mientras gritaba - Ya va- y se abrochaba el cinturón del albornoz. Abrió la puerta, no había nadie, pero descubrió un paquete de color negro en su alfombra, miró a ambos lados sin descubrir a la persona que lo había depositado en su puerta. Lo miró; de manera lenta dirigió sus manos para recogerlo, al tener contacto con el notó cierta viscosidad e intentó apartar sus manos, pero ya no pudo, sus manos se habían pegado al cartón tintado de negro. Se levantó cabreado con el ligero paquete pegado a sus manos, con furia lo aplastó y de su interior surgió una figura de inocente mal recortada que descendía lentamente hacia el suelo. Cerró la puerta de su casa con una pierna mientras luchaba por liberar de sus manos el cartón pegado a ellas. Encima de su alfombra quedó posada la silueta de inocente, que lo marcaba como víctima de ese día.

Mientras se dirigía al cuarto de baño se dio cuenta de que todas las noticias que había leído eran inocentadas, cayendo en la cuenta torpemente del día en el que se encontraba, el día de los santos inocentes. Ante tanto trabajo se le había escapado esa rara tradición días antes de terminar el año, de celebrar la muerte de veintiocho niños inocentes menores de dos años ordenada por el rey Herodes con el fin de deshacerse del recién nacido Jesús de Nazaret; gastando bromas a diestro y siniestro, al tan ni son, para salir quizás de la rutina diaria de todo un largo año de trabajo y malhumor.

Por lo menos, se lo había pasado bien escuchado la noticia del fichaje de Ronaldo, de Ibra, de la retirada de cargos al de Wikileaks, por lo menos se había olvidado de pensar en sus achaques de salud por unas horas. Aunque se preguntó si lo de la subida de la luz sería una inocentada o no, deseó que sí. Deseó que el mundo diera noticas sorprendentes y positivas todos los días mientras intentaba despegar de sus manos el cartón todavía adherido en su piel. Al adelantarse hacia el lavabo resbaló con uno de los trozos que había en el suelo golpeándose la cabeza contra el mismo y rebotando hacia atrás para golpearse de nuevo en el suelo y siendo este un golpe mortal. Su pierna derecha había patinado, lo que le hizo perder el equilibrio y propinarse unos golpes mortales. Yacía en el suelo inmóvil.

Sonó de nuevo el timbre de la puerta, Julián ya no lo escuchaba, nadie iba abrir. Finalmente abrió la policía un par de horas más tarde, encontrándose el cadáver y la triste escena en el cuarto de baño. Había sido una víctima inocente y la silueta de su alfombra así lo demostraba. Alguna vez, una simple broma, puede irse de las manos o provocar daños mayores de los que el bromista cuenta con provocar.

La vida es una broma continua de la que somos víctimas, por veces es broma macabra y otras la gracia desgarra...

ESPÍRITU CONSUMISTA


Calles iluminadas de fantasía, con lucecitas de colores de distintos formatos que atrapan la vista de un globalizado consumidor, bien dispuesto a gastar sus ahorros anuales, si los hubiese. Comercios exponiendo productos milagro que remedian los males pasados en un solo día. Solidaridades improvisadas por Navidad, como si la mente del hombre tan solo se acordase de los que pasan penurias cuando engullendo todo tipo de productos alimenticios y acompañado de sus seres queridos siente que la vida es preciosa. Preciosa por esos momentos entrañables alrededor de la chimenea o al calor de un radiador de calor azul. Y ese hombre es afortunado, y sólo cuando se siente afortunado se acuerda de los demás, el resto del año esa solidaridad afloraría de manera desinteresada siempre y cuando su bienestar fuese manifiesto. Porque los humanos halos egoístas que luchan codazo a codazo por hacerse camino en la vida contra quién fuese necesario, normalmente otro humano, al que hundirían sin dudarlo con tal de conseguir sus intereses, para luego, una vez satisfechos, ir de solidarios por la vida predicando el buen hacer con sus bolsillos bien repletos. En Navidad, se intenta ayudar al prójimo, el resto del año hay enemigos por todas partes.

Por Navidad, se reciben correos de personas que el resto del año de ellas nada se supo. Quizá; ante ese bien estar que las fechas le provocan, se sientan culpables de abandonar a quién deberían haber cuidado el resto del año e hipócritamente aprovechan el espíritu navideño para de manera jovial desearle Felices Fiestas. Qué bonito. ¿Verdad? Qué bonita es la amistad que todos los años te envía un SMS de felicitación, joder. ¿Y el resto del año, qué? No me extraña que dure esa extraña amistad si sólo dos personas interactúan una vez al año. ¿Qué provecho tiene?, si tan sólo sirve para desearse de manera mutua un próspero año nuevo. Merece la pena llamarle amistad a algo así, porque si es por desear a cualquiera se le desea Feliz Navidad, pero no por eso se les llama amigos.

Así pues; hasta ahora, podemos deducir que las lucecitas de colores y los comercios con preciosas flores de la Navidad, afloran en el ser humano un sentimiento hipócrita que lo obliga a actuar de manera muy distinta a como actúa el resto del año. Y que además; el ser humano, es más propenso caer en tentaciones consumistas que lo mantienen hipotecado el resto del año, los anuncios de publicidad son tan bonitos y atrayentes. Las televisiones reflejan entre decorados y músicas alegres tanta armoniosa hipocresía que hay que hacer y sentir lo que ellos sienten, y si hay que venerar a un señor con barba blanca y un traje rojo que proviene de un anuncio publicitario, pues también se venera. El personaje, bien saciado él, es un plagiador, plagiador de la leyenda escandinava de San Nicolás cuyo traje verde se encargaron los poderosos de darle un tinte rojo, se adueñaron de sus trineos y sus ideas y con ello se forjó un arduo negocio que domina medio mundo y del cual este que escribe intenta ser inmune. Ese simple personaje obliga a gastar miles de millones de euros, los cuales, bien organizados, solucionarían muchos problemas de hambruna y enfermedades a los países del tercer mundo, y a los propios indigentes que rodean las calles de nuestro país. Dicen que el dinero tiene que fluir y circular para reflotar la economía, el caso es que casi siempre termina cayendo en manos de los mismos.

Con todo ello en estas fechas estoy atento, y aunque felicito cordialmente, deseo no contagiarme de hipocresía navideña y ser yo mismo, como siempre. Más triste si cabe, por observar de continuo que nos tienen dominados como autómatas teledirigidos mientras transforman nuestra historia y nuestras raíces para crearnos mundos globalizados de consumismo que son las delicias de muchos incautos navideños.

Que tengan ustedes felices compras, eso sí, luego no se quejen que si la cuesta de enero, ni de esos recibos domiciliados mensuales para pagar lo comprado en Navidad. Aun se puede ser consecuente, aun se está a tiempo, el mejor regalo es el amor, la salud, la familia y los amigos. Si durante todo el año se reúnen estas condiciones se podrán vivir muchas navidades en un solo año.

¡Feliz Navidad Consumista!

COINCIDENCIAS


Estaba en la cola de la administración, llevaba más de cuarenta y cinco minutos de espera, al parecer los turnos avanzaban lentos. La culpa parecía de la funcionaria mal encarada que vestía una llamativa chaqueta de color rojo. Se dirigía de manera muy despreciativa a quién tenía en su mesa, un señor desaliñado que revolvía en los papeles de su carpeta para buscar lo que ella le reclamaba. Tras unos instantes incómodos logró encontrar lo que buscaba y la funcionaria malhumorada tramitó su papeleo y pulsó el botón del siguiente. Era mi turno.

Con solo ver su cara de poca amabilidad uno temía hacer cualquier propuesta, por lo que directamente le entregué el formulario perfectamente cubierto y todos los documentos solicitados. La funcionaria los tomó en sus manos, los revisó a conciencia, y al levantar la vista una enorme sonrisa le invadía el rostro, el cambio se antojaba sorprendente. Riendo me dijo:

-    ¿Pero tú eres Luis, el marido de Mercedes?
-    Si…


Contesté dubitativo.

-    Es que tú mujer y yo fuimos compañeras en el EGB, yo soy Lourdes.
-    Ah Encantado…
-    ¿No te das cuenta?
-    No, ¿de qué?
-    De que somos amigos en Facebook, ya hace unos meses que aceptaste mi solicitud. Tú mujer y yo nos encontramos y decidí agregar también a su marido, o sea, a ti. Ji, ji, ji.
-    Ah, claro, tú eres Lourdes Gonzalez.
-    Si, ji, ji, ji.


Por el simple hecho de ser amigos de Facebook, esa mujer cambió de inmediato su malhumor, y se enfrascó en una conversación de la que ella parecía ser la única interlocutora, yo intentaba ser educado. Deseaba que terminara de una vez, la gente de la cola se estaba impacientando, había que ser consecuente y pensar un poco en toda la gente que esperaba ser atendida.

-    Aun recuerdo las veces que Merche y yo nos escapábamos juntas a las fiestas del barrio, sin decir nada a nuestros padres. Y ellos buscándonos toda la tarde, y claro de aquella no había móviles e imagina el disgusto que pasaron.
-    No ya, me imagino. Bueno si tal ya hablamos por Facebook que hay gente esperando.


Ella bajó su tono de voz.

-    Que esperen Luis, que llevo toda la mañana estresada.

Me temblaba una pierna, sentía la presión de la gente de atrás casi desesperada, deseando mandar a la mierda a esa señora, a mi ya comenzaban a mirarme mal, quizás por darle coba:

-    Cuando íbamos a la catequesis lo pasábamos genial, qué tiempos aquellos.
A mí me importaba todo eso un carajo, quería que me cuñase lo papeles para irme del lugar. A veces hay que ser hipócrita a cojones.

-    Mira Lourdes, perdona, es que tengo un poco de prisa.
-    ¿Y qué tal le va a Merche en su nuevo trabajo?


Joder…

-    Bien, le va bien, pero ya te contará ella por Facebook.
-    Vale, ok. ¿Tú chateas por Facebook?
-    No, no, siempre estoy desconectado.
-    Pues conéctate un día y chateamos.


Era lo que estaba pensando vamos, pensé. Finalmente dio entrada a los papeles, me entregó la copia de entrada en registro y antes de que yo pudiese despedirme se dirigió de nuevo a mí:

-    ¿No sabrás el número de móvil de Merche?
-    De memoria no, lo tengo en mi agenda, pero el celular está en el coche.
-    Bueno pues le dices que me envíe un mensaje con su número por Facebook.
-    Vale se lo diré.


Deseaba marchar de allí, ya se escuchaban las críticas de la gente que buenamente esperaba con una paciencia que tenía sus límites para que Lourdes los atendiese. Cuando me giré para marchar escuché:

-    Eh, Luis, dame dos besos hombre.

Me puse coloradísimo, tanto que a alguno se le escapó una sonrisa, vaya situación más comprometedora aquella que estaba viviendo. En fin, sin decir nada me acerqué, le di rápidamente los dos besos y me fui. Mientras cerraba la puerta de la oficina pude observar de nuevo el rostro malhumorado de aquella mujer que hacía unos segundos estaba tan pancha y contenta. Cierto era, que algunas personas de mi Facebook las acepté porque afirmaron ser amigas de mi esposa, pero a partir de aquello me prometí revisarlas más a fondo.

Por supuesto, al llegar a casa lo primero que hice fue borrar del Facebook a esa dama, no fuera ser que un día me pillase por banda en unos de sus chateos y me tuviese una hora leyendo sus historias de cuando mi mujer y ella fueron jóvenes.

A veces; la vida, te presenta varias opciones, puedes decidir ser hipócrita momentáneo, hipócrita entregado hasta lamer culos, o cortar por lo sano con la hipocresía que en momentos de la vida es obligada para no ser etiquetado como un maleducado. Yo a veces, prefiero ser maleducado.

¿Porqué a algunos les cuesta tanto leer la vida entre líneas?
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